
Descubre por qué esta simple premisa para la cita inicial puede marcar la diferencia entre un primer encuentro incómodo, y el inicio de una conexión significativa.
Una Historia Breve pero Significativa
Alfonso e Ignacia se citaron en un café. Inicialmente, estuvieron chateando por la app de citas durante unas dos semanas. Luego intercambiaron números de teléfono y pudieron escuchar sus voces al conversar. No quisieron añadir videollamada; querían dejar la sorpresa de verse el uno al otro en su primera cita, justo esta que estaba por concretarse.

Ambos estaban emocionados, pero también un poco nerviosos por lo que significaría verse cara a cara por primera vez. Definitivamente, esto añadía presión, ansiedad y mucha expectativa al momento. Precisamente, ese es el propósito de la primera cita: evaluar si existe una conexión, si surge la química entre ambos en un ambiente distendido, social y, dentro de lo que cabe, relajado. El café era un lugar perfecto: informal, pero con un ambiente encantador que permitía una conversación tranquila. Ignacia llegó unos minutos antes, tomándose el tiempo para calmar sus nervios y asegurarse de que su cabello estuviera en su lugar. Alfonso llegó poco después, con una sonrisa que reflejaba tanto entusiasmo como aprehensión.
La conversación fluyó con facilidad al principio. Hablaron de sus intereses, compartieron anécdotas divertidas y se dieron cuenta de que muchos de los temas que habían discutido en línea tenían aún más profundidad en persona. Sin embargo, a medida que pasaban los minutos, ambos empezaron a sentir una ligera presión. ¿Cómo llenarían una cita más larga si la conversación se quedaba sin temas? ¿Qué pasaría si uno de ellos se sentía incómodo y no había una manera fácil de terminar la cita sin herir los sentimientos del otro? "Sabes, creo que es mejor mantener esta primera cita breve. No porque no esté disfrutando, sino porque así podemos terminar en un punto alto, con ganas de vernos de nuevo", le dijo Ignacia a Alfonso con su habitual sinceridad. Alfonso estuvo de acuerdo de inmediato y acordaron pasar solo unos minutos adicionales hasta completar una hora, la cual pasó volando. La conversación se mantuvo animada y ligera, sin la necesidad de profundizar en temas demasiado personales o complicados. Esa brevedad les permitió irse con una sensación de anticipación y emoción por la próxima vez que se encontrarían.
De lo bueno, de a poquito: esta estrategia no solo reduce la presión y la ansiedad, sino que también garantiza la seguridad, evalúa la compatibilidad inicial, mantiene el interés y fomenta la autenticidad. Adoptar esta práctica puede ser la diferencia entre una experiencia de citas positiva y la base para una posible relación futura.